• 639 64 90 91
  • susanajimenez.trabajo@gmail.com

El duelo más difícil: el propio duelo por nuestra propia muerte

El duelo más difícil: el propio duelo por nuestra propia muerte

Cuando hablamos de duelos, siempre pensamos en las perdidas que uno sufre a lo largo de la vida. Y aunque nos duelen, y en ocasiones demasiado, no tienen comparación con la mayor de las perdidas: nuestra muerte. Asi, el propio duelo se convierte en uno de los mayores tabúes que existen. No porque no exista, sino porque resulta extremadamente difícil mirarlo de frente.

El propio duelo y su dificultad

En ocasiones las palabras difícilmente expresan lo que pensamos. Y esta es una de esas ocasiones. No obstante, en la película de Blade Runner, en una de sus ultimas escenas aparece el replicante robot. Durante toda la película hace una huida hacia adelante para no afrontar la muerte. En esa escena decide hacerlo. Quizas porque sabe que esta cerca. Quizás porque tiene delante un ser humano que comprende y acompaña su momento. Estas son sus palabras: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Thanhausen. Todos esos momentos se perderan como lagrimas en la lluvia. Es hora de morir”.

 

En esa ultima escena, después de querer burlar desesperada e inútilmente a la muerte, decide cumplir su ultimo deseo: honrar y celebrar la vida. Salva la de su perseguidor y la de una paloma blanca que había apresado unos minutos antes.  Es una escena que condensa tantas emociones. La profunda tristeza con que el replicante dice sus ultimas palabras. La profunda emoción con que las expresa. Se muestra consciente de lo que ha vivido, la unicidad de las experiencias que eso supone. La maravillosa experiencia de sentir la belleza de la vida y la existencia. La necesidad de entender que en esa vida exultante y llena de belleza también conlleva la necesidad de despedirse de ella, puesto que es efímera. Porque conlleva intrínseca y inextricablemente a la muerte. Entender eso, en ese momento para el replicante, significa poder despedirse en paz. Significa poder mirarla sin miedo.Y ese mirarlo sin miedo destruye de un plomazo la poderosa angustia que le envuelve. Puede una ultima vez mas mirar hacia adelante, aunque solo sea para desconectarse y morir..

Los demás duelos que sufrimos a lo largo de nuestra vida no son mas que nuestra particular forma de entrenarnos para la que será la más decisiva de nuestras perdidas, nuestra propia existencia.

La angustia que nos acompaña en toda perdida, aquella que según Nasio cuando la atravesamos nos damos cuenta que la perdida es solo parcial, resulta absolutamente incomparable cuando nos enfrentamos a esta última. En ocasiones, las creencias religiosas consiguen mitigar esta profunda desesperación que nos ateneza cuando nos enfrentamos a nuestra propia muerte.

Por eso el propio duelo es una de las tareas mas difíciles y complicadas a las que inevitablemente tenemos que enfrentarnos.

El propio duelo y la importancia de compartirlo

El hecho de celebrar la vida, de cumplir su ultimo deseo, le concede al replicante la fuerza necesaria para despedirse y sentarse a esperar a ese momento.

La pena de saber que toda esa experiencia y todas esas emociones, todo aquello que lo hizo alguna vez humano va a perderse como lagrimas en la lluvia, queda disuelta en el momento en que le hace participe a su perseguidor de lo mas humano que posee, sus afectos y sentimientos.

Cumplir nuestros deseos, nos permite atravesar esa angustia final. Compartir lo más preciado de nosotros nos permite mirar serenamente y de frente a la muerte. Y en este regalo generoso, poder afrontar de alguna manera nuestro propio duelo.

Susana Jimenez

Deja un comentario