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Archivos mensuales: febrero 2017

Equipo femenino adolescente felicitándose por un tanto

Acoso escolar, un paso al frente

La primera acepción que se encuentra en el diccionario sobre la palabra acosar dice: Perseguir, sin darle tregua ni reposo a un animal o a una persona. Y eso es exactamente lo que ocurre cuando hablamos de acoso escolar. No hay tregua. Cuando se ha escogido la víctima, se la persigue hasta la extenuación. Por eso tratar de ignorar el problema no es solución. Y no puede la víctima dejar de acudir al colegio, porque huir tampoco es una opción. Por otro lado, decidir seguir en el papel de víctima también perpetua el acoso.

Tomar conciencia

Frente al acoso solo cabe una opción: tomar conciencia de lo que está pasando y dar un paso al frente. En ocasiones, tomar conciencia de lo que está pasando requiere un esfuerzo. Porque en determinadas circunstancias, la víctima, sin ser consciente de ello, está en cierto modo “de acuerdo” con lo que le sucede. De alguna manera, su propio reconocimiento de que se merece ese trato, legitima al agresor.” Es verdad que soy gordo”, “en realidad soy gafotas”, “en fondo sí que soy un friki”, son el tipo de pensamientos que legitiman tanto a agresor como víctima a “jugar”, con nefastas consecuencias, el juego del acoso.

Romper con esa culpabilidad, reconocer y valorar las diferencias, dar valor a lo que de genuino tenemos cada uno, es el primer paso. No siempre es fácil. Y menos para un adolescente que se encuentra en la ardua encrucijada de perfilar su personalidad.

Aprender a pedir ayuda

Aprender a pedir ayuda es el segundo paso contra el acoso escolar. Reconocer que en ocasiones las circunstancias nos superan, que no disponemos de la fortaleza o de los mecanismos necesarios para hacerlas frente, supone un acto de responsabilidad y madurez. Y de nuevo, los adolescentes se encuentran en una situación muy precaria en este aspecto.

Pero los adultos que los rodeamos no. Los adultos que convivimos con ellos día a día, podemos servirles de ejemplo, porque podemos actuar ahí donde ellos no pueden o no saben todavía, por el amor que los tenemos, gracias a la fuerza que proporciona el núcleo familiar.

Reconocer que algo les está pasando es fundamental. La convivencia nos da esa sabiduría no explicada en ningún manual que nos permite reconocer a nuestros seres queridos. Y también no reconocerlos. Cuando un adolescente es víctima de acoso escolar, cambia. Y se nota. Sólo hay que estar en modo vigilante, atento.

Canal de comunicación abierto para ellos

Ante una situación de acoso escolar hay que dejar muy claro a nuestros hijos que el canal de comunicación está abierto para ellos, y además que:

  • La solución puede buscarse de forma conjunta.
  • Es necesario hacerse responsable de nuestro propio destino para que éste no nos juegue malas pasadas.
  • La huida en muchos casos perpetúa actitudes y creencias que sólo nos hacen daño a nosotros mismos.
  • Hacer frente a las dificultades, dignifica nuestro espíritu, más allá de que salgamos victoriosos o no. Lo importante es intentarlo. Porque eso nos fortalece. Y cuando somos fuertes dejamos de ser víctimas. Y cuando ya no hay víctima, el agresor se desvanece.

No estamos solos ante el acoso escolar

Contamos con el apoyo de la sociedad. Una sociedad cada vez más sensible al maltrato y al acoso escolar. Y contamos con recursos. Anar, una organización sin ánimo de lucro, escucha a los menores víctima de acoso y también a sus progenitores y les proporciona orientación.

Pero también contamos con campañas publicitarias, como “se buscan valientes” que tratan de hacer entender que el problema no es solo del acosado, sino que lo es igualmente de las múltiples y cómplices miradas que se paralizan frente a la agresión. Esas miradas deben y pueden ser activas y dejar de huir.

Y por último, aunque no menos importante, contamos con profesionales, los psicólogos, que permiten acompañar al adolescente en el camino de tomar conciencia de su problema y le proporcionan herramientas que fortalecen su personalidad.

Frente al acoso hay que dejar de correr, eso solo nos extenúa y nos aniquila. Dejar de correr y dar un paso al frente.