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Archivo del Autor: Susana Jimenez

El duelo más difícil: el propio duelo por nuestra propia muerte

Cuando hablamos de duelos, siempre pensamos en las perdidas que uno sufre a lo largo de la vida. Y aunque nos duelen, y en ocasiones demasiado, no tienen comparación con la mayor de las perdidas: nuestra muerte. Asi, el propio duelo se convierte en uno de los mayores tabúes que existen. No porque no exista, sino porque resulta extremadamente difícil mirarlo de frente.

El propio duelo y su dificultad

En ocasiones las palabras difícilmente expresan lo que pensamos. Y esta es una de esas ocasiones. No obstante, en la película de Blade Runner, en una de sus ultimas escenas aparece el replicante robot. Durante toda la película hace una huida hacia adelante para no afrontar la muerte. En esa escena decide hacerlo. Quizas porque sabe que esta cerca. Quizás porque tiene delante un ser humano que comprende y acompaña su momento. Estas son sus palabras: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Thanhausen. Todos esos momentos se perderan como lagrimas en la lluvia. Es hora de morir”.

 

En esa ultima escena, después de querer burlar desesperada e inútilmente a la muerte, decide cumplir su ultimo deseo: honrar y celebrar la vida. Salva la de su perseguidor y la de una paloma blanca que había apresado unos minutos antes.  Es una escena que condensa tantas emociones. La profunda tristeza con que el replicante dice sus ultimas palabras. La profunda emoción con que las expresa. Se muestra consciente de lo que ha vivido, la unicidad de las experiencias que eso supone. La maravillosa experiencia de sentir la belleza de la vida y la existencia. La necesidad de entender que en esa vida exultante y llena de belleza también conlleva la necesidad de despedirse de ella, puesto que es efímera. Porque conlleva intrínseca y inextricablemente a la muerte. Entender eso, en ese momento para el replicante, significa poder despedirse en paz. Significa poder mirarla sin miedo.Y ese mirarlo sin miedo destruye de un plomazo la poderosa angustia que le envuelve. Puede una ultima vez mas mirar hacia adelante, aunque solo sea para desconectarse y morir..

Los demás duelos que sufrimos a lo largo de nuestra vida no son mas que nuestra particular forma de entrenarnos para la que será la más decisiva de nuestras perdidas, nuestra propia existencia.

La angustia que nos acompaña en toda perdida, aquella que según Nasio cuando la atravesamos nos damos cuenta que la perdida es solo parcial, resulta absolutamente incomparable cuando nos enfrentamos a esta última. En ocasiones, las creencias religiosas consiguen mitigar esta profunda desesperación que nos ateneza cuando nos enfrentamos a nuestra propia muerte.

Por eso el propio duelo es una de las tareas mas difíciles y complicadas a las que inevitablemente tenemos que enfrentarnos.

El propio duelo y la importancia de compartirlo

El hecho de celebrar la vida, de cumplir su ultimo deseo, le concede al replicante la fuerza necesaria para despedirse y sentarse a esperar a ese momento.

La pena de saber que toda esa experiencia y todas esas emociones, todo aquello que lo hizo alguna vez humano va a perderse como lagrimas en la lluvia, queda disuelta en el momento en que le hace participe a su perseguidor de lo mas humano que posee, sus afectos y sentimientos.

Cumplir nuestros deseos, nos permite atravesar esa angustia final. Compartir lo más preciado de nosotros nos permite mirar serenamente y de frente a la muerte. Y en este regalo generoso, poder afrontar de alguna manera nuestro propio duelo.

Susana Jimenez

EL ESTIGMA DE LA ENFERMEDAD MENTAL

La enfermedad mental tiene un estigma si cabe mas grave. En el caso de los enfermos mentales, no solo tienen todos los rechazos que se manifiestan por su condición de enfermos. También “gozan” de otros que le son propios.

La enfermedad mental en ocasiones conlleva asociada un plus de peligrosidad, de hablar un lenguaje que no comprendemos, de la ruptura de la posible ilusión de la continuidad que nos da la palabra. Y la peligrosidad una vez rota la comunicación y comprension pueda desencadenar una conducta agresiva e incluso lesiva para el o para el otro. Este plus de peligrosidad es cierto, es real. Pero no por eso no abordable, no por eso no tratable.

Este aspecto, los ataques agudos, corresponde a los profesionales tratarlo. Esos momentos puntuales necesitan una atención especializada. Pero la enfermedad mental no solo son estos momentos. Los momentos de urgencias son los mínimos. En muchas ocasiones, la enfermedad se hace crónica y en este punto del camino, la actitud hacia la enfermedad mental es crucial.

LA ACTITUD HACIA LA ENFERMEDAD MENTAL

Como afrontamos la enfermedad o como debemos hacerlo? Acaso existe un manual de las buenas costumbres que nos informe de ello? Evidentemente no. Se trata de una decisión personalizada, que responda a nuestras necesidades e inquietudes. Una decisión que atañe a todos, al enfermo y a todos los demás. Cuando hablamos de enfermo, se trata de una decisión en la que el silencio sea eso, una decisión y no una obligación. En la que el silencio sea activo, y no pasivo como consecuencia de la ignorancia o el miedo.

Cuando se trata de todos los demás, también hablamos de una decisión. Una decisión que nos permita liberarnos de miedos atávicos para poder ver que la enfermedad es un estado del sujeto, y que no lo define. Aunque la forma en que enfrentemos a nuestra enfermedad o la de los seres queridos, o incluso la actitud social que mantengamos frente a ella si nos defina.

UNA MENTE MARAVILLOSA

¿Has visto la película “Una mente maravillosa”?. Que hubiese ocurrido si, por ejemplo Alicia, la mujer del matemático Nash, le hubiese abandonado cuando se le declaró el primer brote de su enfermedad esquizofrenia paranoide? Que hubiéramos perdido todos los demás? Su contribución al mundo de las matemáticas y la economía, su teorema de Nash Moser y su trabajo sobre el equilibrio de la teoría de juegos no cooperativos, fue tan relevante que mereció el respeto y el reconocimiento de un premio Nobel. Pero no solo fue la actitud de su mujer, su amor, sino la comprensión y el respeto que sus colegas universitarios le brindaron. Todo esto permitió que pese a sus alucinaciones, Nash pudiese dar rienda suelta a su pasión por los números y pudiera trabajar. Trabajar y ser útil y provechoso a la comunidad que le acogió y que le contemplo como el ser humano único que era. Esta en nuestra mano, en la de todos, tener la capacidad de poder apreciar las mentes maravillosas.

Susana Jimenez
Bailarina discriminada por otras como estigma social

El estigma social de la enfermedad

El estigma social de la enfermedad ha existido siempre, y también ahora. Parece un poco duro e incluso incierto decir esto en la sociedad civilizada en la que vivimos. Desde luego contradice el discurso políticamente correcto que nos inunda. Pero lo cierto es que casi nunca empapa. Y si se anima el lector a seguir leyendo entenderá por qué lo digo. La enfermedad sea cual sea nos invalida en una de las dimensiones que nos hacen más humanos, la social.

QUÉ ES LA ESTIGMATIZACIÓN

Detengámonos un momento en el significado de la palabra estigma. El significado de la palabra estigmatizar y el concepto de estigma social se debe al sociólogo estadounidense Erving Goffman, que lo introdujo en el año 1963. Se trata de una cualidad o condición que tiene cierta persona y que produce un rechazo o menosprecio por parte de la sociedad, al incluirla en un determinado grupo no aceptado por la misma. Puede ocurrir por ciertas características anatómicas, psicológicas o de pertenencia a cierto colectivo.

 

IMPLICACIONES SOCIALES DE LA ENFERMEDAD

El estigma social de la enfermedad tiene una serie de implicaciones. Nos condena al aislamiento, a veces obligado, a veces impuesto por nosotros mismos (en aras de no hacer sufrir a los demás). La enfermedad en ocasiones es la antesala de la muerte y el solo atisbo de la misma nos hace huir, incluso hacer huir a nuestros seres queridos. No les culpemos ahora.

Pero no solo se sufre aislamiento. También al sujeto enfermo se le invalida como sujeto social. Como sujeto que puede contribuir al desarrollo cultural y evolutivo del grupo en el que se encuentra.

Y en los casos más extremos, aquellos que ya no se preocupan por disimular su cinismo contra el discurso políticamente correcto, en aquellos casos, además, se les considera una rémora. Alguien por el que debemos de parar nuestra existencia para dedicarnos a ellos o peor aún, pagar por seguir saludables.

LOS ENFERMOS NO LO TIENEN FÁCIL

Definitivamente los enfermos no lo tienen fácil. Ni desde ellos mismos ni desde los demás. Porque estos miedos y estos reparos que son vividos, no son contemplados. Son reprimidos, peor aún negados. Ni siquiera pueden ser nombrados en la sociedad del Bienestar en la que vivimos. Una sociedad del Bienestar donde nuestra eficacia ha conseguido erradicar la enfermedad. Erradicarla eficazmente pero solo desde su visión. Donde sus huellas físicas, e incluso su dolor y sufrimiento se ocultan a la vista.

La propaganda de eficacia y bienestar ha conseguido transmutar la imagen de una sociedad con sus luces y sus sombras, una sociedad humana compuesta por humanos que no son perfectos, en una asepsia totalitaria en busca de un ideal de eterna juventud. Donde cualquier diferencia es aplastada. Y la enfermedad es una de esas diferencias.

RECONOCER LA DIFERENCIA

Reconocer la diferencia, también supone reconocernos a nosotros mismos. Somos lo que el otro espeja de nosotros mismos. Como decía el psiquiatra, sin su mirada, la del otro, no somos reconocidos. Renunciamos a nuestros enfermos si no los miramos. Si no reconocemos su existencia, su diferencia. Y en la medida en que los reconocemos a ellos, también nos reconocen ellos y nos enriquecemos. La diferencia asusta, pero enriquece. Y al reconocer la diferencia, reconocemos nuestra capacidad para ser diferente. Diferente del discurso social omnipotente donde tenemos que acercarnos al ideal. Al discurso único idealizado que aplasta cualquier originalidad. La originalidad de ser.

EL ESTIGMA SOCIAL DE LAS PERSONAS CON SIDA

Una de las principales manifestaciones en nuestros días del estigma social de la enfermedad lo constituye la discriminación hacia las personas con SIDA.

Cuando el estigma social se asienta, se produce la discriminación. Los descubrimientos y avances en atención sanitaria han convertido a VIH en una enfermedad crónica. La calidad de vida de estos enfermos puede equipararse a la de muchos ciudadanos, así como su esperanza de vida. Sin embargo, la apreciación o idea de la gente no ha evolucionado de igual manera. El estigma social y discriminación a los enfermos de sida es un problema desde la perspectiva de la Salud Pública, pues afecta negativamente a la respuesta de la sociedad para atajar al virus y ganarle la batalla. Esto es así porque supone un obstáculo para el acceso y generalización de los tratamientos, por el temor a acudir a los servicios de salud.

ESTIGMA SOCIAL EN ENFERMEDAD MENTAL

El estigma en salud mental es otra de las vertientes importantes de este tema. Se estima que 1 de cada 4 personas padece una enfermedad mental a lo largo de su vida. Como tema especialmente relacionado con el área de la psicología, será tratado en nuestro próximo post.

Hasta entonces.

 

 

 

Susana Jimenez
Garra gris se aferra como la Angustia

Angustia, la otra cara de la ansiedad y el conflicto

Hay que atreverse y aprender a escuchar nuestra ansiedad. Aunque en ocasiones da la cara, en forma de angustia. Y se hace inevitable tener que escucharla.

ANGUSTIA, LA CARA OCULTA

Como la canción de aquel grupo Mecano que decía: “la cara vista es un anuncio de Signal, la cara oculta es la resulta ….”. Así salimos a la calle, con la cara vista. Procurando dar la sensación de que todo esta bien en nuestras vidas. Con una cara que muestra lo menos auténtico de nosotros mismos aunque sí lo más normativo, lo mas adaptado. Incluso me atrevería decir lo extraordinariamente sobre adaptado, que desgraciadamente es la señal de una confusión interior. Pero esa es otra cara oculta y esa es otra historia.

CONFLICTO Y ANGUSTIA

Y la cara oculta es la resulta de muchas situaciones de conflictos. Conflictos de los que en ultima instancia ni siquiera somos conscientes. Conscientes de la importancia vital que para nosotros supone.

Y por ello, esa cara oculta va cobrando cada vez más espacio, espacio psíquico se entiende. Pero precisamente porque no siempre somos conscientes de esos conflictos, también se nos oculta a nosotros. Parece que se nos ha olvidado. Pero aunque parezca extraño, difícilmente olvidamos “se me olvidó que te olvidé” como aquella otra canción decía. Más bien la relegamos al olvido, y allí la represamos. Y allí espera, paciente e impaciente en ocasiones para volver a aparecérsenos en el momento menos esperado.

Pero no los afectos. Los afectos son verdaderos, una de nuestras partes, sino quizás la única, más autentica. Y de ellos quizás como decía el psiquiatra, la angustia es el más verdadero. La angustia es el único afecto que no nos abandona y que no olvida.

Y porque no olvida, puede empezar a aparecer en múltiples formas, en insomnio, en dolores, en vértigos, en síntomas. Y puede invadirnos en múltiples áreas de nuestra vida, en el trabajo, en los estudios, con los amigos, con la pareja. Invade sucesivamente cada uno de los espacios en los que nos movemos. Y de una forma sincrónica puede ir invadiendo de forma extensiva e intensiva nuestra vida.

PEDIR AYUDA

Cuanto menos queremos oírla, más presente se hace. Porque nosotros podemos. Porque a nosotros se nos exige. Ser el mejor, el más fuerte, el numero uno. Como mostrar esa cara oculta que parece que nos invade y nos devora? Como hacerlo sin dejar de mostrarnos invulnerables?

Pues pidiendo ayuda. Porque pedir ayuda no es de débiles. Hay que ser muy fuerte para mostrar esa cara oculta sin derrumbarnos. Hay que ser muy fuerte para reconocer que tenemos problemas y conflictos que no sabemos resolver. Porque no hay que ser omnipotentes. Solo necesitamos entender qué somos. Y pedir ayuda nos aproxima a ese objetivo. A no tener que mantener dos caras. A ser solo uno. Nosotros mismos

Susana Jimenez
Salto chica defensa contra ansiedad

Ansiedad como motor para el cambio

La ansiedad en Wikipedia aparece como una respuesta de anticipación involuntaria, acompañada de un sentimiento desagradable. Es una señal de alerta. Una alarma que podemos articular para transformar aquello que no está bien en nuestras vidas. Por eso analizamos la ansiedad como motor para el cambio

La ansiedad es una reacción frente a lo que consideramos un peligro, ya sea externo o interno. Nos permite ponernos sobre aviso para actuar, poner en marcha nuestras estrategias y recursos para afrontar dicho peligro.

Pero sin embargo, es una conducta adaptativa no solo físicamente sino también psicológicamente. Frente a la cual nos asustamos, tememos, sin darnos cuenta que en realidad también puede ser un recurso muy importante para crecer y ser felices.

UTILIZA LA ANSIEDAD COMO MOTOR PARA EL CAMBIO

La ansiedad puede ser el motor que nos mueve cuando, sin darnos mucha cuenta, nos apercibimos que no todo va bien con nosotros mismos. Que por tanto necesitamos un cambio. Un cambio que en ocasiones nos asusta. Un cambio que nos preocupa y nos angustia como todo lo que resulta imprevisible. Como todo lo vivo en esta tierra. Pero un cambio que en definitiva necesitamos e incluso deseamos sin saberlo, para seguir creciendo, para seguir viviendo.

Tenemos que escucharnos más. En el fondo la ansiedad puede ser una señal que nosotros mismos nos enviamos. En un mundo donde tanta importancia se da a escuchar a los demás, se nos olvida lo mas principal, escucharnos a nosotros mismos. Escuchar nuestras señales que nos dicen que no todo esta bien. Que debemos pararnos, escucharnos, querernos, y tener la valentía para decidir tomar nuevos rumbos. Tener la valentía para revisar nuestro pasado y poder reinterpretar nuestro futuro.

NO SIEMPRE HAY QUE TEMER LA ANSIEDAD

En una sociedad donde se trata de aniquilar el dolor, también se aniquila la ansiedad. La inquietud que nos genera, nos induce a adormecerla con tranquilizantes y barbitúricos. Hay que atreverse y aprender a escuchar nuestra ansiedad.

Susana Jimenez